¿Qué te hace feliz? Lancé la pregunta en el auditorio de una universidad en el Estado de México. Varias personas levantaron la mano para expresar los detalles cotidianos que cumplían con la pregunta.
Una joven levantaba con insistencia la mano, y cuando le acerqué el micrófono, su respuesta nos dejó desconcertados a los presentes. “De momento, no me siento feliz; seré feliz el día en que acabe la carrera y pueda ser independiente”.
Al escuchar a esta joven sentí ternura pero ganas de sacudirla también. Si bien cumplir metas y sueños es algo loable, postergar nuestra felicidad hasta que ellos se cumplan, es una manera de estar muertos en vida. Ella cree lo que todos en algún momento de inconciencia creímos: que la vida es para siempre y que estará a nuestra disposición para el momento en que todo sea perfecto y entonces si, ser felices.
Cuántas personas responderían lo mismo que esta joven al pensar: “Cuando tenga un bebé”, “Cuando me compre una casa”, “Cuando me case…entonces seré feliz. Pensamos que la vida es para siempre y olvidamos vivir el presente.
Esto no sucede. La vida es perfectamente imperfecta. Lo que nos toca es aprender a estar contentos en el momento, con lo que hay, con lo que es. Vivir frustrados e infelices nos lleva a generar más de lo mismo. Además, al estar tan enfocados en lo que deseamos, nos crea una visión tubular de la vida. Es decir, al ver mi meta allá, me olvido de ver, apreciar y agradecer aquello que tengo aquí y ahora. Y no me doy cuenta de que esto… ¡es perfecto!
Las cinco personas que encontrarás en el cielo
Hace tiempo vi una de esas películas que te deja pensando varios días después de haberla visto y que debería ver toda la gente de manera obligatoria. Las reflexiones que te deja calan hondo. Se llama “Las cinco personas que encontrarás en el cielo” basada en el libro del mismo título escrita por Mitch Albom.
El protagonista se llama Eddie, un señor que el día que cumple 83 años de edad, intenta salvar a una niña de un accidente y muere de manera trágica en el parque de diversiones. Él ha trabajado ahí durante toda su vida como jefe de mantenimiento, en una vida “aburrida, rutinaria y tediosa”, como él mismo lo describiría en espera de que algún día llegara el momento de ser feliz.
Ahora Eddie se encuentra en el cielo. El supuesto paraíso en donde, por fin, comprendemos el sentido de nuestra vida en la tierra. Pues ahí, se encuentra a esas cinco personas que le ayudarían a escoger el cielo en que le gustaría vivir. Resulta que esas cinco personas fueron las que más marcaron el rumbo de su vida y las que más la influyeron de manera directa o indirecta, incluso sin haber sido consciente de ello.
Ahí en ese paraíso, las cinco personas le agradecieron o le reprocharon lo que él había hecho por ellas y ahora le darían a elegir entre vivir en una playa, en un palacio, en las montañas, en fin. Al ver su vida en retrospectiva, se dio cuenta de que todo el tiempo que vivió en la Tierra, se había sentido frustrado e infeliz.
Lo hermoso de la película es el mensaje que nos deja de que toda persona con la que cruzamos en nuestras vidas, le dejamos y nos deja algo, para bien o para mal. Y al final, una vez que comprendió lo que esas cinco personas, marcaron su vida, toma una nueva perspectiva y elige como su cielo precisamente el parque de diversiones en el que siempre vivió y no supo valorar.
La vida no va a cambiar
A este mundo venimos a dos cosas: a ser felices y a hacer felices a los demás. Qué bueno anhelar terminar la carrera, comprarnos un coche o tener un bebé, pero mientras tenemos la obligación de ser felices. Si acaso ayudara el vivir estresados o enojados con la vida a acelerar el proceso de conseguir lo que deseamos, se justificaría, pero ¡ni eso!
Vivir contentos es una decisión, un acto de conciencia y crecimiento. Es algo que de practicarlo –sin importar las circunstancias, se aprende, se desarrolla y nos hace crecer; no sucede de manera automática.
Cuando te sientas frustrado, detente y pon tu atención en todo lo que hoy, ahora, en este momento tienes que agradecer. ¿Puedes ver, oír, caminar, comer? Pues suficiente para ser feliz. Si no pregúntale a cualquiera que no lo pueda hacer.
La vida siempre nos presentará retos y los que tenemos que cambiar somos nosotros. ¿Has escuchado la frase “Cómo has cambiado, desde que he cambiado”? pues ponla en práctica y verás cuán cierta es. Pero no sólo la apliques a las personas, aplícala a la vida, a las circunstancias, a las cosas que no puedes cambiar y toca aceptar y abrazar.
Verás cuántas cosas tendrías que responder a la pregunta: ¿Qué te hace feliz?