Ser feliz a propósito…

Doña Pilar, una hermosa señora de 75 años de edad, nació ciega. Es alegre, culta y gran amante de la música. Ha vivido sola e independiente durante toda su vida gracias a su madre, que desde niña la educó a valerse por sí misma. Doña Pilar, siempre pulcra y entusiasta, es poseedora de la enorme cualidad de encantar con su plática. Su manera de sentir la vida deja a cualquiera con la boca abierta.

Debido a problemas en la cadera, a doña Pilar le llegó el momento de tomar la decisión de irse a vivir a una residencia para adultos mayores. Una sobrina le ayudó a realizar el cambio para llevarla a su nuevo hogar.
Al llegar a la residencia, una señorita les dio un recorrido por las instalaciones; mientras andaban, les compartió los horarios, las clases y el estilo de vida al que se invita a los huéspedes a seguir durante sus estancia.

—Su cuarto, doña Pilar, da al jardín y tiene mucho sol —le comentó la señorita antes entrar en la habitación—. Si bien no es de lujo, tiene todo lo necesario para que usted se sienta muy cómoda: frente a su cama hay un clóset y una mesita, cerca de la ventana hay un sofá… —antes de que la señorita terminara con la descripción, doña Pilar la interrumpió—.
—Ya me encanta —le dijo.
—Pero ¿cómo, doña Pilar, si ni siquiera hemos llegado?
—No tenemos que llegar al cuarto, linda. El que me guste o no me guste, no depende de cómo esté arreglado. Depende de cómo mi mente está arreglada. Ser feliz es algo que decides antes de tiempo.

La felicidad depende de cómo mi mente está arreglada…
¡Vaya lección! En este mes, en el que le damos la bienvenida al año que empieza, la sabiduría de doña Pilar nos lleva a reflexionar que, en efecto, la felicidad es algo que se decide.
Por lo general, un año nuevo nos invita a ordenar cosas externas: el clóset, los cajones de la oficina, las citas médicas, en fin. Sin embargo, nunca le damos tiempo o se nos ocurre siquiera pensar en ordenar lo más importante que tenemos para ser felices: la mente, a pesar de que es en ella y sólo en ella en donde se encuentran todas las posibilidades. Sus muebles no son otra cosa que nuestros pensamientos.

La gente es tan feliz como decide serlo.
Abraham Lincoln

Cada mañana tenemos la oportunidad de decidir cómo arreglarlos para transitar por las horas que el día nos ofrece antes de volver a cerrar los ojos por la noche. ¿Estaré de buen o de mal humor? ¿Qué tan eficiente seré en mi trabajo? ¿Qué tan paciente seré con mis hijos? Así, con cada amanecer nos preparamos para direccionar el rumbo de nuestras ideas, porque al dejarlas transitar en modo neutral, los pensamientos negativos toman el mando en automático.

Si quieres ser feliz, tienes que ser feliz a propósito. De estar conscientes de la brevedad de la vida, no permaneceremos pasivos, ni dejaremos pasar la oportunidad de visualizar cómo nos queremos ver al final del año: ¿En qué invertiré los meses, las semanas y las horas que lo componen? ¿Qué porcentaje de mi tiempo dedicaré a mi trabajo, a mi familia y a mi crecimiento personal? ¿Cómo deseo verme físicamente? En fin...

En este nuevo ciclo que inicia, la vida con certeza nos presentará a cada uno momentos de gran gozo y situaciones de desafío. Dentro de todos ellos, la experiencia siempre incluirá una oportunidad envuelta como un regalo que está en nosotros descubrir.
Te invito a ser —como Doña Pilar, un ejemplo de actitud ante la vida y quizá, de contagio en contagio, crear un mundo mejor.

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