El mundo: reflejo de nosotros mismos

¿Cuál es la diferencia entre realidad y percepción?

Este caballo negro tiene una característica muy peculiar: en cuanto ve que una persona entra al potrero comienza a dar pequeños y constantes golpes en el piso con su pata derecha delantera, hasta que ese alguien se le acerca y lo acaricia. ¿Es una manía, es su manera de saludar, de pedir atención o de exigir algo? No lo sé. Lo que sí sé es que no he visto a otro animal hacerlo.
Sin embargo, lo curioso no es observar al caballo y su gracia, sino la interpretación que cada persona le da y el diálogo que entabla con el corcel al llegar a su lado.
“Me quieres, ¿verdad Chotis? Sí, sí, yo sé que me quieres y te emocionas cuando que me ves…”, le dice Maru, una mujer que ama estar en la naturaleza y en especial ama el contacto con los animales.
En otra ocasión escuché a un amigo, que llamaré Pedro, decirle: “Ah, qué Chotis, ¡siempre pidiendo más de comer! No es posible, tienes que vigilar más tu dieta, amigo”; pero por su propia pancita parecía decírselo a sí mismo.
De igual manera, otras personas como Rodrigo, quien tiene un puesto relevante en una empresa trasnacional y trabaja todo el día lo consoló: “¿Estás nervioso y estresado, Chotis o por qué siempre das pataditas? Quieres salir a pasear, a correr el campo, ¿verdad?».
Me parece fascinante constatar a partir de este caso, que los humanos vemos en el mundo exterior lo que traemos dentro; cada individuo ve al caballo, a las personas o a lo que sea, a través de sus propios lentes de auto percepción. ¡Todos lo hacemos!