Es absurdo pero real. En la calle cuidamos la cartera o la bolsa para que nadie nos las robe, sin embargo, permitimos que un pensamiento o una emoción negativa nos robe la paz en cualquier momento y lugar. Cuando la mente pierde la paz, el corazón también y, por ende, todos nuestros sistemas se desarmonizan: el digestivo, el respiratorio, el endocrino e inmunológico, por nombrar algunos.
¿Cómo te sientes, por ejemplo, después de haber tenido un disgusto muy fuerte con tu jefe, tu pareja o un hijo? ¿Cómo duermes, cómo funciona tu digestión, qué tan buenas son tus defensas y qué tanta claridad mental tienes?
La discordancia en nuestros sistemas se refleja principalmente en el desgaste de ese recurso personal que damos por un hecho y al que no le damos el valor que se merece: la energía. Sin ella, simplemente la vida no es vida.
Cuando estamos conflictuados, el cortisol u hormona del estrés provoca que nuestros compases internos toquen a ritmo de staccato. Lo cual, si se prolonga por días o semanas, tiene una serie de secuelas; entre ellas, la de que nuestra batería interna se agote o que el cuerpo entero entre en huelga, como personalmente he comprobado que sucede.
¿Qué roba tu energía?
