A veces uno se queda hipnotizado ante una obra de arte. Cada célula del cuerpo se paraliza y entra en trance, hasta se teme pestañear ante la posibilidad de perder el hechizo.
Tal fue el caso cuando vi y escuché a la violinista estadounidense Esther Yoo –una joven de tan sólo 20 años de edad– interpretar magistralmente el Concierto para violín y orquesta en re mayor, escrito en 1878 por Tchaikovsky, y que es considerado una de las tres composiciones más difíciles de interpretar.
“¿Cómo puede tocar una obra tan complicada durante 45 minutos sin leer una sola nota!”, me preguntaba al escucharla acompañada por la Orquesta Filarmónica de Londres, en su visita a México.