Conoce tu sorprendente fortaleza

La gente se encontraba sentada en el Lincoln Center de Nueva York el 18 noviembre de 1995. Esperaba con ansiedad escuchar la música maravillosa que surgiría del Stradivarius tocado por el afamado violinista israelí Itzhak Perlman.
El concierto dio inicio después de que Perlman subió con gran lentitud al escenario, ayudado por las muletas que usaba debido a la polio que adquirió en la infancia.
A medio concierto ocurrió algo inusual: una cuerda del Stradivarius salió disparada por el salón, al tiempo que el público escuchaba el estallido. ¿Se suspendería el concierto? La gente y los músicos sabían que sin una cuerda del primer violín sería imposible continuar con la interpretación de la obra sinfónica. Después de que se hizo un profundo silencio, Perlman cerró los ojos, inhaló y dio la señal al director para continuar con el concierto.
“Esa noche tocó con tanta pasión y poder y con una claridad que nunca antes nadie había escuchado –comenta Álvaro Sierra Mayer, quien estaba presente–, continuó tocando al mismo tiempo que recomponía, modulaba, cambiaba esa pieza en su cabeza. Tenía que encontrar en tres cuerdas una pieza hecha para cuatro.»
«Al término del concierto la gente aplaudió de pie por tiempo prolongado. Perlman sonrió, alzó su arco para agradecer y dijo: ‘Algunas veces la tarea del artista es probar cuánta música puede crear con lo que le queda’”. Vaya lección de resiliencia. ¿De dónde surge esa fortaleza y capacidad para salir adelante a pesar de las adversidades? Del corazón.