Todos hemos sentido miedo en algún momento de la vida, es algo normal mientras podamos controlarlo y no nos domine, nos paralice o nos envuelva en su telaraña; incluso puede ser una gran herramienta de sobrevivencia. Sin embargo, si el miedo nos gobierna o controla nuestra vida, además de ser nocivo se puede convertir en una adicción.
Sí, leíste bien, una adicción. A partir de esa emoción negativa la amígdala crea territorios familiares y estimula la producción de sustancias y conexiones neuronales en el cerebro. Este mecanismo no sólo se vuelve la norma, sino que nos volvemos adictos a él por las sustancias y las redes que produce.
Como hemos visto, todos tenemos un miedo básico que de acuerdo con el Eneagrama, varía en cada personalidad y nos acompaña a lo largo de la vida. Sólo podemos superarlo si le ponemos los reflectores, lo reconocemos y trabajamos en él.
En las semanas anteriores les platicaba que Roberto Pérez y Andrea Vargas nos dicen que si logramos controlar nuestro miedo fundamental, nos adueñaremos de nosotros mismos y nos liberaremos de su adicción.
Recordemos que las personalidades cuyo centro de inteligencia es el corazón tienen miedo al rechazo, mientras que las personalidades cuyo centro de inteligencia es la mente, tienen miedo a la realidad. Ahora bien, el miedo básico de las personalidades que ven la vida a partir del instinto, la víscera y el cuerpo es a «no poder».