Cada vez que abres un sitio web, das un like, pides un Uber, consultas Wikipedia, pagas con tarjeta, descargas una aplicación, mensajeas con un amigo por WhatsApp, entras a Facebook, Instagram, Twitter y demás, dejas una huella en el ciberespacio. Dicha huella no se evapora, todo lo contrario, se almacena para alimentar una industria de trillones de dólares que crea un perfil con tu historia, personalidad, comportamiento, preferencias y situación económica, entre otra información.
Tú y yo como usuarios ignoramos por completo que los algoritmos nos dan una serie de calificaciones que determinan no sólo quiénes somos y cuánto valemos, sino ¡cómo merecemos ser tratados! Esta información puede ser vendida a agencias de todo tipo para influir, promocionar, manipular y predecir nuestro comportamiento en el futuro. Está de miedo, ¿no crees?
¿Has aceptado usar el uso de Internet gratuito en algún aeropuerto, hotel o lugar público? Estamos tan enamorados de la tecnología que de inmediato aceptamos entrar a los sitios y páginas sin jamás leer los términos y las condiciones que nos advierten que todos los datos que proporcionemos serán suyos.
En el momento pensamos que es el precio a pagar en la era digital por obtener descuentos, consultar datos o hacer negocios, a pesar de que nuestra bandeja de entrada comienza a atiborrarse de publicidad no solicitada. Incluso cuando nos damos de baja en alguna aplicación, sitio o cuenta, nuestros datos se conservan y utilizan.