el efecto mateo

Saborear un chocolate, admirar una pintura que mueve tus emociones, soltar una buena carcajada, probar un buen vino; sentir el sol en la espalda en un día frío, abrazar a un hijo, sorprenderse con la luna llena, un llanto que desahogue, la sensación de unidad con el todo que se tiene al admirar la naturaleza, el alivio de sentir el agua de la regadera en la espalda.

 

¿Qué experiencias te generan emociones positivas a ti, querido lector, querida lectora? ¿En dónde, con quién, cuándo las sientes? y ¿eres consciente de ellas, las procuras en tu día a día?

 

Estos son los grandes y los pequeños momentos que agregan luz a nuestra existencia. Más allá de lo obvio, lo anterior le da un sentido a nuestra vida y eleva la capacidad de manejar situaciones de conflicto y estrés. ¿Por qué?

 

La investigadora Barbara Fredrickson, con su equipo del departamento de psicología de la Universidad de Carolina del Norte, ha demostrado que esos chispazos y apapachos momentáneos que nos provocan emociones positivas, no sólo se sienten bien, también son buenos para nosotros, para la familia, los amigos, la comunidad y el mundo en general.

 

Es decir, experimentar emociones positivas crea una especie de espiral ascendente que tiene un efecto tangible y duradero en nuestra salud y nuestros niveles de bienestar. Como el placer genera placer, sus beneficios se pueden sentir en la mejora del sistema inmunológico, la facilidad para concentrarnos mejor, ser más productivos, creativos, sociables, abiertos, empáticos y desempeñarnos mejor en el plano físico.

 

Lo que me parece increíble es que, de acuerdo con la investigadora Sonja Lyubomirsky, la mayoría de las personas no está consciente de las experiencias que la hacen feliz, la absorben, le dan tranquilidad, curiosidad, entusiasmo u orgullo y cuáles no.

 

Las emociones positivas generan éxito y el éxito engendra más éxito. Los sociólogos le llaman a esto el Efecto Mateo, inspirados en la parábola del Evangelio de Mateo: “Para todos aquellos que tienen, más se les dará, y tendrán abundancia”.

 

Entre más emociones positivas cultives, más rico serás en todas las áreas de tu vida, como las del trabajo, las relaciones y la salud.

 

Cuando te vuelves consciente que estar con tus amigos te hace reír, que salir a caminar alegra tu día, que los tacos te encantan, que el café en la mañana te anima, que acariciar a tu perro te saca una sonrisa, debes procurarlos y realizarlos lo más seguido que puedas. Sobre todo, saborearlos. De otra manera, sus beneficios pueden pasar tan desapercibidos para el cuerpo como para la mente.

 

Lo interesante es que los estudios de la doctora Fredrickson muestran que no tenemos que ir tras las experiencias grandes o intensas, sino apuntar a los pequeños placeres frecuentes de la vida diaria. Ella afirma que la clave para la salud y el bienestar –junto con todo lo que resulta de esto– no es qué tan intensamente felices nos sentimos, pero sí, que tan seguido nos sentimos positivos. Además, los efectos de lo anterior son acumulativos, pueden provocar, por ejemplo, vivir más años.

 

La evidencia científica arroja tres granos de sabiduría: la primera, que las pequeñas dosis de gusto, de tranquilidad o gozo no son triviales en absoluto. El segundo, que la frecuencia y no la intensidad es lo que cuenta; y, tercero, la mayoría de nosotros no está consciente de esto.

 

Por todo ello, hay que procurar vivir el Efecto Mateo y detectar qué personas, situaciones, lugares nos dan esa chispa de felicidad, para después procurarlas como si fueran velitas que encienden nuestro día y nuestra vida, porque es un hecho que lo son.

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