Si alguna vez has amado de verdad, entonces sabes lo que es sentir, aunque sea por un instante, cómo tu alma se asoma a la eternidad, sonríe a sus anchas, se ilumina, se eleva y se funde con algo más grande. Es el misterio de sentir un gozo pleno que toma todos sus sentidos y, al mismo tiempo, te conecta con tu propia esencia.
Beethoven decía que la música es la tierra electrizada en la cual el espíritu vive, piensa e inventa. Es impresionante el gran efecto que tiene la música sobre nosotros, los seres humanos.
Hay veces que la expresión más amorosa y elocuente es el silencio, pero le sigue la música. La música abre puertas interiores, se apodera de tu alma, tiene el prodigio de llevarte de la mano hacia la luz, hacia el amor infinito. Ayuda a la creatividad, a la expresión personal, facilita el aprendizaje e incide directamente en nuestra vida personal.
Además, tiene la habilidad de “embarcar” los ritmos del cuerpo y de la mente. En física, este termino explica por qué los objetos que oscilan en diferentes frecuencias, al colocarlos uno junto al otro, comienzan a vibrar al mismo ritmo. Las investigaciones han descubierto que las personas se “embarcan” con las vibraciones y los ritmos musicales que escuchan. Esto explica su poder.
Escuchar la música adecuada no sólo mejora la instrucción y el desempeño, sino que crea el ambiente ideal para retener y hacer más relevante, dinámico y divertido lo que aprendes.
El poder de la música
