Hay personas enojadas con la vida; tendrán sus razones. Puede ser que alguna experiencia en la infancia, un padre, una madre, un maestro o un desamor les distorsionaran la forma de ver el mundo. No las juzgo, el dolor debe de ser muy grande. Sin embargo, cuánto me gustaría ser capaz de transmitirles lo que ahora sé y que a mí me ha servido. Me refiero al tipo de frecuencias que emitimos y sintonizamos, ya que ser conscientes de lo que generan, puede modificar una vida.
Las personas enojadas permanentemente, ven todo a través de unos lentes que apuntan de inmediato a los errores del otro, a los defectos propios y de extraños, su energía se dirige a la crítica y el juicio, lo que irremediablemente se traduce en problemas de salud personal y conflictos con cuanta persona se relacionan.
Si bien, todos hemos tenido días en lo que nada nos sale bien, en las personas resentidas la frustración parece una constante. Conviven con el rechazo, el dolor, la traición, el desamor, o la autovictimización, sentimientos que las obligan a asirse y recubrirse con un gran chaleco anti balas, que al mismo tiempo que las protege, las aleja de lo más importante. ¿Qué es? El amor. Y, este endurecimiento es lo que causa más dolor.
¿En qué frecuencia resuenas?
