De vacaciones en Cancún, Pablo mi esposo llevaba una temporada de mucho estrés por lo que aceptó darse por primera vez, un masaje en el hotel. Al término del mismo, salimos a cenar a un restaurante cercano. “No tenemos mesa, tendrán que esperar media hora”, nos dijo el capitán. “Ah”, contestó mi esposo y esperamos tranquilamente en el bar.
Después de cenar pedimos el coche; esperamos otra media hora, cuando el muchacho del vallet parking nos dijo, “Señor, no encontramos las llaves de su auto”, “Ah”, volvió Pablo a responder con toda tranquilidad, “Pídeme un táxi” le dijo al joven. ¡Yo no lo podía creer! En otro momento, mi esposo no hubiera reaccionado con tanta –más bien ninguna, serenidad. El masaje y unos días en la playa habían hecho milagros.
Al día siguiente, Pablo tomó el duplicado de las llaves y fue por su coche; él mismo estaba extrañado de su ecuanimidad. Simplemente había cargado su pila interna de energía por lo tanto, tuvo mayor tolerancia ante la situación adversa.
Energía = resiliencia = coherencia I
