Un viernes por la tarde Vero y sus amigas gozaban de una amena plática de sobremesa, mientras que sus hijos pequeños jugaban en el cuarto contiguo. De la nada y de repente, Vero sintió una urgencia de levantarse e ir a ver a su hijo de dos años. Cuando se asomó por la puerta, vio que su pequeño se estaba ahogando con un dulce que se le había quedado atorado en la garganta. De inmediato, corrió y le realizó algunos movimientos que le devolvieron el color al niño y la tranquilidad a la mamá. ¡Vaya susto!
La intuición de Vero, literalmente le salvó la vida a su hijo. ¿Cómo te explicas este tipo de fenómenos? Estoy segura que tú, querido lector, lectora, tienes algún relato similar al anterior que has experimentado en carne propia, o bien, has escuchado de algún amigo o familiar.