Éxito y tranquilidad van de la mano

Ese día era el definitivo para el medallero. El público aplaudía de pie a la pareja de deportistas rusos en una de las competencias de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi. Ellos, agitados y gozos agradecían con la mano en el corazón al término de su presentación de patinaje artístico; misma que fue un derroche de agilidad, talento, gracia y arte.
Enseguida, la cámara de televisión mostró a la siguiente pareja concursante de origen estadounidense, que esperaba su momento de entrar a la pista. “Pobres, está difícil que los superen”, comentamos mi esposo y yo. En sus rostros serios y ensimismados reflejaban la enorme presión que tenían y sentían, mas me llamó la atención que no se les veía estresados.
En el momento en que esta pareja escuchó el primer acorde de la música de su coreografía, parecieron entrar a un mundo de magia, en el que más que una competencia, reflejaban un sueño de amor. Todo fluía como si las acrobacias, en extremo ágiles y arriesgadas, fueran algo tan natural como caminar en el parque tomados de la mano en un día soleado. Lograron la medalla de oro.