Hablar con la verdad

La lección me costó un cáncer en la tiroides, misma que me extrajeron hace poco más de dos años. Si bien la medicina tradicional no se explica el porque a tantas personas nos salen nódulos en dicha glándula, y por qué algunos se vuelven cancerosos y otros no; nos expone varias razones de sus posibles causas: herencia genética, falta de yodo, exposición a radiación en cabeza o cuello, edad…en fin.
Como es de esperar, la noticia en su momento me fue difícil de digerir, ya que la palabrita tiene una carga energética que de sólo escucharla y saber que habita dentro de nosotros puede devastarnos. Así me sentí: devastada. Me ayudó enormemente sentir el amor incondicional de mi esposo y de mis hijos, además de saber que de todos los tipos de cáncer, el de la tiroides es el menos malo; al extraer la glándula por completo, se cura. Sin embargo, aprendí que una enfermedad puede ser un regalo, porque dispara un cambio en las reglas del juego.
–Le tendremos que dar un tratamiento de yodo radiactivo para asegurarnos de que no haya quedado ningún rastro, me dijo el doctor al término de la operación. Después me explicó que me internarían por dos días en un área especial del hospital en la cual permanecería en un cuarto con paredes de fierro, aislada de todas las personas; además de que no podría viajar, acercarme a ningún niño como tampoco a ninguna señora embarazada, durante un mes. Después de pensarlo mucho y de estudiar los efectos secundarios del mismo, bajo mi responsabilidad decidí no someterme a dicho tratamiento.
Sin embargo, junto con la decisión también tomé otra: haría todo lo que estuviera en mis manos para estar sana.