La mejor terapia del mundo

Hasta ahora, no he conocido a una sola persona que se haya arrepentido de haber dedicado su tiempo, energía, dinero o vida a este tipo de terapia. Si has sentido un vacío existencial, una falta de propósito o misión en tu vida, te invito a descubrir esta cura. Verás que encontrarás y repartirás felicidad. “Ahora mi vida tiene sentido” es lo que afirman las personas que la practican.

Muchos aún no la descubren. Nuestra cultura nos persuade a creer que la felicidad se encuentra en las posesiones materiales o en puestos de poder. Buscamos vivir en una casa más grande, tener un mejor coche… y, sin importar cuánto acumulemos o qué tan alto escalemos en la compañía, siempre queremos más. Así funciona el ego, ese ente insaciable que vive dentro de nosotros y siempre quiere más. Pero el alma, no se contenta con las cosas materiales.

La terapia que te propongo, se trata de salir un poco de nosotros mismos y utilizar nuestros talentos para ayudar a los demás. Al practicarla, sentimos una descarga de euforia acompañada de endorfinas, seguida por un sentido de calma y plenitud. Mi querida amiga, Carmelina Ortiz Monasterio, decía que la palabra “servir” viene del “vicio de ser”. Al servir descubres que, en efecto, hacerlo se convierte en un vicio, porque dar de ti te hace sentir valorado y útil, lo cual es sinónimo de sentirte gozoso.

Todos tenemos recursos, aunque no lo sepamos. Recursos valiosos, como talento, manos para trabajar, cabeza para pensar, conocimientos, contactos de amigos y familia con quienes compartir y demás. Dar no sólo se refiere al número de ceros en una cuenta bancaria. El reto está en encontrar una causa que empate con tus ideales y que puedas incorporar de alguna manera a tu vida.

Dar también nos hace sentir bien físicamente. El doctor Wayne Dyner, en su libro The Power of Intention, comparte una investigación en la que afirma que “un simple acto de caridad dirigida hacia otro, mejora el funcionamiento del sistema inmunológico y estimula la producción de serotonina en los dos: el recipiente del acto de generosidad y la persona que lo da. Lo asombroso es que aún la persona que observa el acto tiene un resultado benéfico similar”. Así que todos los involucrados, el que da, el que recibe y el que observa, se unen de manera positiva. ¡Es increíble!

Recuerda que el mundo es una proyección de lo que tenemos dentro. Así que, si eres generoso, verás un mundo generoso. Si eres compasivo y amoroso, eso es lo que verás en el otro. Cada una de tus acciones buenas o malas se expande como las ondas en el agua y afectan a quienes te rodean, para después regresar a ti de una manera que ni te imaginas.

Aquí algunas sugerencias prácticas para empezar a dar:

1. Comparte con tus hijos la experiencia de ayudar a una familia necesitada.
2. Dale cobija, alimento o ropa a esa viejita que ves todos los días en la esquina. Visita algún asilo para leerle a los ancianos o bien darles un rato de compañía.
3. Ofrécete de voluntario para limpiar alguna playa, un bosque o bien, un parque cercano a tu casa.
4. Si amas a los animales, trabaja para rescatarlos.
5. Dona tu computadora, tablet o celular que ya no usas a una escuela rural; incluso ofrécete a darles clases de algo que domines.
6. Llama a fundaciones reconocidas para ofrecer tus servicios o talentos.

Además de que esta terapia te dará grandes beneficios, serás un ejemplo para tu familia. Cuando hacemos que otra vida sea mejor, hacemos que nuestra propia vida también lo sea mejor.

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