¿Has experimentado la sensación la libertad que da quitarse los zapatos en la naturaleza? Estar descalzos es un impulso que todos, hasta los niños, tenemos por instinto, por ejemplo, al llegar a un jardín, al campo o la playa. No sólo se debe al placer en sí mismo que da la textura, la humedad y la temperatura de la tierra, la arena o el pasto, sino a que instintivamente sentimos lo terapéutico que es en términos de salud y bienestar.
Te hablo de uno de los movimientos que más rápido ha crecido en el mundo entero, se denomina Grounding o Earthing y se basa en comprender a la Tierra como una energía viva natural con frecuencias que pulsan de manera sutil y que ayudan a normalizar nuestros ritmos biológicos básicos, reducen el estrés, mejoran la calidad de sueño, aumentan la energía, mejoran el flujo sanguíneo y disminuyen la inflamación.
Así como el sol nos da calor y nos ayuda a la síntesis de la vitamina D, la tierra al pisarla descalzos nos inunda de iones negativos (átomos de oxígeno cargados con un electrón extra, que se crean en la naturaleza como consecuencia del agua al caer, las corrientes de aire, la luz solar y la radiación inherente del planeta).
La Tierra: el mejor antioxidante
