Hay joyas preciosas y joyas verdaderas. Las primeras, son objetos del deseo y un ornato personal, sin duda su brillo nos hipnotiza y atrapa nuestra atención desde el aparador. Pero tienen un inconveniente: en caso de hacernos de alguna de ellas, junto con su belleza viene la preocupación de cuidarla. Su costo tan alto, aunado al temor de perderla, hace que el goce de alguna manera se opaque. Y la felicidad que proporcionan es tan efímera como las horas del día.
Mi colección de joyas
