Había una vez dos mercaderes que se odiaban y competían ferozmente en el mercado para acaparar a los clientes. Eran vecinos y a cada uno se le ocurría cada vez una artimaña más audaz para amolar al otro y salir ganando en las ventas del día. Si bien los dos eran buenos esposos y padres responsables, en lo referente a ganarle al vecino, se olvidaban de toda ética y moralidad. Así que un día, Dios cansado de verlos pelear y exponer su lado más oscuro, quiso darles una lección.
A cada uno de los comerciantes los llamó por separado y les dijo: “Pídeme lo que quieras que te lo voy a conceder, pero con una condición: lo que me pidas, tu vecino lo recibirá al doble”.
Primero, cada uno se puso muy contento y pensó de inmediato en pedirle a Dios oro, tesoros, tierra para sembrar; pero al saber que el vecino recibiría el doble, se arrepentía de solicitar riquezas. El tiempo para expresar sus deseos se terminaba, así que uno de ellos de inmediato dijo: “¡Ya sé! Te pido que me hagas ciego de un ojo”.
¿Qué son los tres gunas?
