una buena noche de sueño, parte I

Imagina el siguiente anuncio:

 

¡Gran descubrimiento!

Un nuevo tratamiento revolucionario que hace vivir más años. Realza la memoria y creatividad. Provoca que luzcas más atractivo. Te mantiene delgado y reduce los antojos. Te protege de cáncer y la demencia. Aleja las gripes y los resfriados. Reduce el riesgo de un ataque al corazón y los infartos, previene la diabetes. Te hace sentir más contento, menos deprimido y ansioso. ¿Te interesa?

 

Esto suena al producto milagro de un merolico, pero existe y es veraz. Más de diecisiete mil estudios científicos lo avalan. ¿Cuánto pagarías por esta medicina si fuera una pastilla? O mejor aún, ¿qué tal que te dijera que diario está a tu alcance y es gratis? Lo irónico es que has menospreciado esa cura, con posibles consecuencias fatales. ¿De qué se trata?: de una buena noche de sueño.

 

Recién termino de leer el libro Why We Sleep, del doctor Matthew Walker, quien ha estudiado el tema de sueño durante dos décadas. A pesar de que parece que dormir es lo menos productivo que hacemos durante el día, puede ser lo más provechoso que hagamos. La realidad es que pasamos un tercio de nuestra vida ausentes.

 

Te ahorro, querido lector, querida lectora, todas las dramáticas consecuencias nocivas que la falta de sueño tiene en nuestro ser; baste decir que es una epidemia mundial. La vida moderna con las pantallas que emiten luz azul, además de otros hábitos que incluyen la ingesta de alcohol y café y hasta la temperatura del cuarto afectan nuestra calidad y duración del sueño. El cual tiene tres fases por las cuales atravesamos cada noche: ligero, profundo y rem. Cada una ofrece diferentes beneficios.

 

Sueño profundo. Se da en los primeros 90 minutos de sueño, de ahí que acostarnos temprano sea importante. Cuando nos desvelamos viendo una película o navegando en internet, sacrificamos esa valiosa fase que no se repone. Veamos por qué.

 

El hipocampo se puede comparar con un servicio de paquetería que cuenta con un almacén temporal y limitado. Durante el día recoge los paquetes de la jornada, por ejemplo, el nombre de una persona o algún nuevo aprendizaje. Es durante el sueño profundo que los camiones reparten esos bits de información a las distintas direcciones permanentes del cerebro. Al perder horas de este sueño, perdemos muchos paquetes, incluso para siempre.

 

Sueño ligero. Éste es el departamento de limpieza. Su chamba es depurar diariamente la información acumulada durante el día en el hipocampo. Es por ello que a veces, cuando para dormir leemos algo, tenemos que releer el mismo párrafo una y otra vez, sin entender nada: el almacén está lleno.

 

La mayor parte del sueño ligero tiene lugar en la madrugada. De ahí que si despertamos a las 4:00 o 5:00 a.m. para estudiar o tomar un avión tenemos la sensación de que el cerebro funciona a medias. Durante esas horas, el sueño ligero refresca el hipocampo para asimilar lo nuevo que sucede en el día.

 

Sueño rem. Es la etapa en la que los ojos se mueven de manera constante. Esto se puede explicar con otra analogía. Imagina que durante el día hiciste varias notas acerca de lo que experimentaste y las subiste a la nube. El sueño rem revisa las notas en la nube, las combina, las edita y produce una historia coherente y comprensible. Es, pues, cuando la mente trata de dar un sentido a lo que vivimos y hace conexiones entre la información pasada y la nueva. Por lo general, estas relaciones resultan muy extrañas, incluso pueden ser creativas y reveladoras.

 

Con una buena noche de sueño aprendemos, recordamos y comprendemos más.

Continuaremos…

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