Imagina el siguiente escenario: tienes poco tiempo para llegar a la comida de cumpleaños de tu pareja y aún no has comprado el regalo. Decides bajarte en una tienda departamental y en una vitrina ves un objeto que te convence. Quieres preguntar por el precio a la única dependienta que está cerca, pero ella enconchada con el celular en la oreja te ignora por completo. El tiempo corre, intentas llamar su atención una y otra vez y nada…
Sientes que te empiezas a desarmonizar y que dentro de ti algo comienza a hervir y busca salida mediante un grito o un reclamo. El piloto automático quiere tomar el mando. Al mismo tiempo, en ese momento escuchas una voz interna y lejana que te susurra: “Cálmate, si le hablas de buen modo, te va a atender mejor”. Así que respiras hondo, te llenas de paciencia y decides cambiar tu actitud.
Esa voz es la de el observador en acción. Todos lo tenemos, pero generalmente no lo escuchamos o no le hacemos caso. Nuestra atención en el afuera, nos hace ignorar el adentro. Y a la larga esta situación nos cobra la factura en términos de salud y relaciones personales.
Qué cierto es aquello de que el universo no responde a lo que quieres, responde a lo que eres; y el punto ciego es ese piloto automático que entra de manera inconsciente. Cada vez que te enojas, entras en la misma frecuencia que genera las guerras. Sí, el infierno es nuestra propia ira, es un fuego que nos hace arder.
¿Cómo controlar nuestras emociones?
