El gozo de moverse

¡Ah, cómo disfruto salir a caminar! o andar en bici, nadar o practicar yoga. Percibir el cuerpo moverse de cualquier forma me hace sentir la vida, me da la sensación de estar sana, plena y conectada. Con seguridad sabes a lo que me refiero; sin embargo, hoy te propongo hacer de cualquier práctica, algo más que un ejercicio físico y rutinario: llevarlo a un nivel, diría yo, espiritual.

A muchos en la vida diaria –por el trabajo, las prisas, los horarios, las obligaciones o lo que sea– se nos complica tener una práctica espiritual cotidiana. Aunque, también es verdad que muchos otros sí tenemos tiempo para hacer algún tipo de ejercicio. ¿Por qué no entonces unir las dos cosas? Veamos a continuación por qué.

Cualquier tipo de movimiento rítmico, constante, contribuye a la mejora física y al crecimiento mental, espiritual y emocional. ¿Quién no se ha sentido mejor después de practicar un deporte durante una hora, vaya, incluso al bailar en una reunión social? Imagino que en esas ocasiones cada una de nuestras células, las cuales se cuentan por trillones, saliera de fiesta con una maraca y una sonrisa, lo que proporciona un gran bienestar en todo el cuerpo.

Los cuatro pasos

Partamos del hecho de que el cuerpo es flojo, la mente es inquieta y el alma es luminosa, ¿cierto?