¿Qué tan ordenada tienes tu casa, tu oficina, tus cajones, tus papeles? Alguna vez escuché, con un poco de incredulidad, que el nivel de orden que tenemos en nuestro entorno es un reflejo fiel de nuestro orden mental. Sin buscarlo ni procurarlo me he dado cuenta de cuán cierto es.
Como a mucha gente le sucede, el ritmo de la vida diaria no me permite dedicar tiempo a ordenar mis cosas. Si no fuera por la persona que me ayuda en casa, viviría en un absoluto orden desordenado. Sinceramente, los fines de semana sólo pienso en descansar, en salir de la ciudad o en ver una serie de televisión junto a mi esposo, pero nunca invierto el tiempo libre en ordenar mis cosas, me parece un desperdicio.
Un día, debido a la solicitud de una amiga que abriría una biblioteca en una comunidad ladrillera, empecé a depurar mis libros, los cuales –lo digo sin exagerar– suman más de dos mil títulos. Fue una odisea sacar uno por uno, evaluarlo y decidir sobre su permanencia. Una vez iniciada la tarea, lo que sucedió en mi interior fue algo muy liberador. A pesar de tener una agenda llena, nada me importaba más que continuar con esa limpieza.