Por si un día hablas en público

Los nervios aceleraron mi ritmo cardiaco. A pesar de haber dado conferencias por muchos años, el reto en esa ocasión era diferente: se trataba de un examen ante un jurado calificador y era en inglés.

Al término del examen, cada uno de los ocho jueces externa su opinión sobre los puntos buenos y las “áreas de oportunidad” que tienes como expositor. El material relativamente nuevo y la dificultad para encontrar ciertas palabras sin romper el ritmo de la plática, hicieron que la velocidad de mis palabras aumentara cual coche de carreras –lo que me sucede cuando estoy nerviosa.

Una vez que los jueces te retroalimentan con tus cualidades, llega el momento de recibir las fallas. Gulp, sometes al ego y le dices que se aguante y escuche de la manera más abierta, humilde y estoica posible.