Tu energía impregna todo lo que haces, hasta la comida que consumes o prepararas. ¿A qué me refiero?
Elsa es una mujer perfeccionista y exigente consigo misma. Disciplinada y ortodoxa, hace ejercicio a diario, no fuma y si acaso bebe, lo hace con moderación. En lo profesional, cualquier compañía desearía tener a una Elsa entre sus directores. Todo lo que ella supervisa funciona como la computadora de una torre de control aéreo.
Cuando salimos a algún restaurante, Elsa invariablemente ordena lo más sano de la carta, no come pan, no consume lácteos, tampoco postres ni refrescos. En fin, lo anterior podría sonar como la fórmula perfecta para estar muy sana.
Pero ¿qué pensarías si te dijera que Elsa es una mujer llena de achaques: ya sea que con frecuencia le den migrañas, se le caiga el pelo o se enferme del estómago? Su estilo de vida simplemente no cuadra con las expectativas y resultados que obtiene. ¿La razón? Olvida vivir. Tanta regla bloquea su capacidad de gozar.
Comer sin culpa
